Cuando una empresa se enfrenta a una discrepancia contable, una discusión sobre el valor de una participación societaria o una liquidación tributaria controvertida, tarde o temprano surge la necesidad de un dictamen técnico. Sin embargo, no todos los informes técnicos tienen el mismo valor procesal ni cumplen la misma función. Entender la diferencia entre un informe de parte y una prueba pericial judicial resulta esencial para administradores, directores financieros y asesores que deben decidir qué tipo de dictamen encargar según el momento y el objetivo del conflicto.
Qué es un informe de parte
Un informe de parte es el dictamen que una de las partes de un litigio o de una negociación encarga directamente a un perito o experto de su confianza, normalmente antes de que exista un procedimiento judicial abierto o en paralelo a él. Su finalidad es aportar al proceso un análisis técnico —contable, fiscal, financiero o de valoración— que respalde la posición de quien lo solicita. En el ámbito del Impuesto sobre Sociedades, este tipo de informe suele emplearse para cuantificar el efecto de un ajuste extracontable, defender la razonabilidad de una operación vinculada o justificar el valor atribuido a un activo intangible en una reestructuración.
El informe de parte se incorpora a las actuaciones como documento aportado por una de las partes y, aunque tiene pleno valor probatorio, el tribunal o el órgano administrativo puede valorarlo con cierta cautela precisamente porque no es imparcial: quien lo encarga y quien lo paga tiene un interés directo en el resultado.
Qué es la prueba pericial judicial
La prueba pericial judicial, por su parte, es aquella que se practica dentro de un procedimiento judicial ya iniciado, conforme a las normas procesales (fundamentalmente la Ley de Enjuiciamiento Civil, aplicable también por remisión en muchos aspectos a la jurisdicción contencioso-administrativa). Puede tratarse de un perito designado judicialmente por insaculación —sorteo entre los colegiados disponibles— o de un perito de parte que, una vez aportado el informe a la causa, es sometido a las mismas reglas de contradicción, ratificación e interrogatorio que cualquier otra prueba.
La diferencia clave no reside tanto en quién redacta el informe como en el marco procesal en el que se produce: la prueba pericial judicial está sujeta a plazos, requisitos de tacha, posibilidad de aclaraciones y, sobre todo, a la ratificación en juicio ante el juez, donde el perito puede ser interrogado por ambas partes.
Principales diferencias prácticas
- Momento procesal: el informe de parte puede encargarse en cualquier fase, incluso antes de iniciar el litigio; la prueba pericial judicial se propone y admite dentro del procedimiento.
- Imparcialidad percibida: el perito judicial, aunque haya sido designado por sorteo, goza de una presunción de objetividad mayor que el perito de parte.
- Coste y control: en el informe de parte, quien encarga el dictamen elige al perito y controla el alcance del encargo; en la pericial judicial designada por el juzgado, las partes no eligen al experto.
- Valor probatorio: ambos son medios de prueba válidos, pero el juez pondera de forma distinta según la coherencia, la metodología y la solidez técnica de cada dictamen, no solo según su origen.
- Posibilidad de contradicción: en ambos casos cabe ratificación e interrogatorio, pero es especialmente relevante cuando existen dos informes de parte contradictorios que deben confrontarse ante el tribunal.
Cuándo conviene un informe de parte y cuándo una pericial judicial
En materia de Impuesto sobre Sociedades, un informe de parte resulta especialmente útil en fases previas: durante una comprobación de la AEAT, para acompañar alegaciones a un acta de inspección, o para sustentar la valoración de una operación vinculada antes de que exista litigio formal. Permite anticipar argumentos técnicos y reforzar la posición de la empresa desde el primer momento.
Cuando el conflicto ya ha derivado en un recurso contencioso-administrativo o en un procedimiento civil o mercantil —por ejemplo, una disputa entre socios sobre el valor de una participación, o una reclamación de responsabilidad frente a un asesor—, la prueba pericial judicial adquiere protagonismo, ya sea porque se propone un perito de parte que después será ratificado en juicio, ya sea porque el propio tribunal designa uno de oficio.
La importancia de encargar el informe de parte con rigor técnico
Un error frecuente es pensar que el informe de parte, al no ser «judicial», puede ser menos riguroso. En realidad, ocurre justo lo contrario: dado que se presume menos imparcial, debe ser aún más sólido metodológicamente para resistir el contraste con la parte contraria y, eventualmente, con un perito judicial. Un informe de parte bien fundamentado —con normativa aplicable citada con precisión, cálculos trazables y conclusiones claras— puede llegar a convertirse en la base de la prueba pericial que finalmente se ratifique en juicio.
Por ello, cuando una empresa necesita construir su defensa técnica ante Hacienda o ante un litigio societario, resulta recomendable acudir a un despacho especializado en informe pericial tributario como ValiTax, que combina el conocimiento fiscal con la experiencia en la elaboración de dictámenes preparados tanto para la fase administrativa como para su eventual ratificación judicial.
Conclusión
La distinción entre informe de parte y prueba pericial judicial no es meramente terminológica: condiciona la estrategia procesal, el momento de actuación y el nivel de contradicción al que se someterá el dictamen. Para una pyme o un grupo empresarial que afronta una discrepancia con la AEAT o un litigio societario relacionado con el Impuesto sobre Sociedades, contar con un asesoramiento pericial especializado desde el primer informe de parte puede marcar la diferencia entre una defensa sólida y una posición débil ante el tribunal.

